viernes, 24 de marzo de 2017

"RESOUNDING SCIENCE FICTION"




En 1957 Lin Carter autoeditó en Nueva York un librito titulado Resounding Science Fiction, que incluía algunas páginas del fanzine de ciencia ficción Inside Science Fiction, que surgió en 1952 en Glendale (California) de la fusión de dos revistas, Inside y Science Fiction Advertiser, y que se publicó hasta 1963. En esta obra de 64 páginas con ilustración de portada de Jerry Prueitt, publicada como un número extraordinario y especial del citado fanzine, se incluyen dos artículos de Carter que resultan muy interesantes para los aficionados de Lovecraft: se trata de H.P. Lovecraft: The Gods (en castellano, H.P. Lovecraft. Los Dioses, un artículo muy detallado que resume todos los demoníacos Dioses Primigenios de los Mitos de Cthulhu por nombre, origen, aspecto, etc. El segundo texto se titula HP Lovecraft: The Books, Omissions, Corrections and Errata (en español, H.P. Lovecraft. Los libros, omisiones, correcciones y erratas), que corregía una temprana bibliografía de Lovecraft en la que aparentemente no se resumían los títulos de los relatos del escritor de Providence sino los títulos de libros y obras ocultas -en gran parte imaginarios- a los que aludía en sus escritos. El librito también contenía otros artículos sobre ciencia ficción de distintos autores como Dave Foley, James Gunn, Bob Leman y Jeanne Davis.

jueves, 23 de marzo de 2017

"LA LITERATURA DE CIENCIA FICCIÓN" DE PLANS




En 1975 las editoriales Planeta, Magisterio Español y Prensa Española publicaron una colección llamada Biblioteca Cultural RTVE, que consistía en una serie de títulos divulgativos de literatura, historia, política y filosofía, entre otros temas. El número 19 se tituló La literatura de ciencia ficción y fue escrita por el periodista y locutor de radio Juan José Plans (1943-2014), que dirigió programas radiofónicos de Radio Nacional de España como La vuelta al mundo en 80 enigmas, Sobrenatural e Historias, y escribió numerosas novelas de fantasía y terror, como El juego de los niños (1976), en la que se basó la famosa película ¿Quién puede matar a un niño? de Narciso Ibáñez Serrador. En esta obra, un librito de 156 páginas, se hace un repaso a la historia de la ciencia ficción, desde sus orígenes con Luciano de Samosata (Historias verdaderas), Cyrano de Bergerac (Historia cómica de los estados e imperios de la luna) y Jonathan Swift (Los viajes de Gulliver), entre otros, hasta autores contemporáneos como Arthur C.Clarke, Asimov, Bradbury...Y por supuesto, Plans dedica algunos párrafos a Lovecraft, en las páginas 102 a 104, en las que podemos leer lo siguiente:
Pero, antes de hacer referencia a los diversos temas que con más frecuencia aparecen en la ciencia ficción, quisiera mencionar a uno de los que considero más importantes autores, no solamente de ciencia ficción, sino dentro del panorama de la Literatura Universal: Howard Phillips Lovecraft.
 "La vida es algo aterrador, y tras los límites de nuestros conocimientos asoman indicios demoníacos de la verdad que le hacen mil veces más terrible. La ciencia, siempre opresiva con sus opresivas revelaciones, causará, quizás, algún día, la exterminación de la especie humana...,pues sus reservas de horror son inimaginables; jamás podrá concebirlas un cerebro mortal" escribió Lovecraft, uno de los más interesantes autores de ciencia ficción, literatura fantástica y de terror.
  Nos presenta un mundo de incertidumbre que camina hacia un futuro que puede condenarlo o engrandecerlo. Como dice Louis Vax en su ensayo Arte y Literatura fantásticas, Lovecraft fue ignorado en vida para conocer una súbita popularidad una vez acaecida su muerte. En su obra, generalmente, el terror y el horror alcanzan un alto nivel, llegando a resultarnos en no pocas ocasiones verdaderamente insoportable: "Ha sabido, mejor que ningún otro, hacer surgir de la materia y de los lugares, la poesía mórbida que en ellos flota, que en ellos se oculta. Hay un horror especial que vaga alrededor de las moradas abandonadas, y este horror no es el mismo junto a las construcciones de madera entregadas a la soledad del aire y del polvo, ni junto a las construcciones de piedra corrompidas por una vegetación enferma. Cada uno de los cuentos de Lovecraft, más que un relato anecdótico es un esfuerzo casi siempre feliz por fijar un nuevo matiz poético". (Sobre Lovecraft, ampliación en mi artículo publicado en El Español).
En las montañas de la locura nos encontramos ante una novela sobrecogedora, no solamente por lo que en ella se nos describe, sino también por lo que nos hace pensar. Aunque Howard Phillips Lovecraft tenga más contacto con el terror que con la ciencia ficción, ésta está bien presente como en la obra mencionada:
"Es absolutamente necesario para la paz y la seguridad del género humano no perturbar algunos de los rincones sombríos y muertos de la tierra y de sus profundidades no exploradas; de no hacerse así, dormidas anormalidades volverán a la vida y blasfemas pesadillas supervivientes se sacudirán y saltarán retorciéndose de sus negras cuevas a nuevas y mayores conquistas". (Como antecedente del horror de Lovecraft señalo La madriguera del Gusano Blanco, de Bram Stoker, autor de Drácula.)

 

miércoles, 22 de marzo de 2017

MANTON MITCHELL, UN HÉROE DE GUERRA AMIGO DE LOVECRAFT







En el otoño de 1902, tras superar sus crisis nerviosas, Lovecraft regresó a la escuela de Slater Avenue de Providence Este, donde hizo amistad con un grupo de niños, entre los que destacó Chester P. Munroe, sobre el que escribí en esta entrada. Con sus amigos, el niño Lovecraft no solo fundó una "Agencia de Detectives de Providence", sino que creó una pequeña tropa de chicos de entre 10 y 14 años, denominada Slater Avenue Army o Ejército de la Avenida Slater, que se reunía en el vecindario, cerca del Parque Blackstone para entablar "guerras" y teatralizar batallas, en las que Lovecraft solía dirigir a sus amigos como un general comandando a sus soldados. Lo curioso es que entre sus compañeros de juego se encontraba Manton Campbell Mitchell (1887-1929), que, aunque tres años más viejo que Lovecraft, formaba parte del ejército de niños, y que más adelante se convertiría en héroe de la Primera Guerra Mundial. Muchos de los aspectos militares de aquel grupo de niños se debían precisamente a Mitchell, que pertenecía a una familia de militares, y él mismo ingresó en el Ejército, y se graduó en 1909 en la Academia Militar de West Point con el grado de teniente, en la misma promoción que el famoso general George Patton (1885-1945). En 1917 formó parte de la fuerza expedicionaria de Estados Unidos que intervino en la Primera Guerra Mundial, tuvo una participación destacada en el conflicto y recibió varias medallas, entre ellas la Cruz de Servicios Distinguidos por una acción en St. Thibault (Francia), el 5 de agosto de 1918, como podéis ver aquí. El mayor Mitchell fue enterrado en el Cementerio Nacional de Arlington (Virginia), establecido en 1864 y donde descansan veteranos estadounidenses de las guerras libradas por EE.UU. desde la de Secesión, como podéis ver en este enlace. El hijo de Mitchell, el teniente coronel Carroll Mitchell (1914-2004) también tuvo una larga carrera militar y fue enterrado en el mismo cementerio.



martes, 21 de marzo de 2017

RELATO DE LOVECRAFT EN "ZEST"





El número 1 de la revista estadounidense Zest, una publicación masculina para adultos que se editaba en Nueva York, de enero de 1956, resulta muy interesante para los seguidores de Lovecraft, ya que incluía su famoso relato Las ratas en las paredes (1923), que se anuncia en la portada con la frase The Greatest Horror Story Ever Told, que en español sería El relato de terror más grande jamás contado. Lo curioso es que se trata de una versión acortada y reescrita, y como autor no figura Lovecraft, sino el prolífico escritor Michael Avallone (1924-1999). Este ejemplar de la revista fue redescubierta por los fans y críticos de Lovecraft en la década de 1980 y se convirtió en una auténtica pieza de museo, por la que se llegó a pagar grandes sumas de dinero.

lunes, 20 de marzo de 2017

ARTÍCULO SOBRE LOVECRAFT EN "EL PAÍS"


La autora del artículo, Ana Llurba.




El pasado 15 de marzo, al cumplirse el 80 aniversario de la muerte de Lovecraft, el periódico español El País quiso sumarse al homenaje con un interesante artículo titulado Lovecraft, el arqueólogo y maestro del terror, que podéis leer aquí. Firmado por la escritora y poeta argentina afincada en España Ana Llurba (n.1980), este artículo aborda la importancia actual de Lovecraft como escritor y su influencia creciente en otros ámbitos del arte, como el cine y el cómic. Aquí os dejo el texto completo para que disfrutéis de un acertado análisis sobre la obra de Lovecraft.




En su biografía H.P. Lovecraft: Contra el mundo, contra la vida (1991, editado en español por Siruela, 2006), una rareza previa a sus primeras boutades literarias, Michel Houellebecq analiza la obra y vida del célebre ermitaño de Providence, de cuya muerte se cumplen hoy 80 años. Explorando su afición por la construcción edilicia de laberínticos pasadizos, el enfant terrible en ciernes persigue esa obsesión con los miedos arcanos, las geometrías no euclidianas y la fobia al mestizaje cultural. Pero quizás la arquitectura, como una disciplina aplicada al hábitat humano, esa raza a la que tanto parecía despreciar Lovecraft, le haga menos mérito que la arqueología, una descripción materialista del pasado que alumbra el futuro, a su ficción. Una obra considerada como un género en sí mismo: el terror cósmico.
Un subgénero entre el terror y la ciencia ficción que a través de un implacable materialismo gnóstico elude los recursos del terror psicológico para abandonar a sus protagonistas como marionetas de un destino manipulado por malignas deidades intergalácticas, minimizando la condición humana a una consecuencia del azar y el capricho cósmico. Una primera lectura materializa no solo nuestros temores más atávicos, también nos asoma a un vertiginoso abismo antihumanista, como cuando Carl Sagan, otro célebre “materialista”, le asigna al Homo Sapiens el último minuto del último día de su célebre calendario cósmico con una cordial sonrisa en los labios.
A pesar de ese visceral racismo que le hacía retorcerse ante el mestizaje cultural que la inevitable modernización de EE. UU. a comienzos del siglo XX aceleraba, del nulo espacio asignado a los personajes femeninos, así como de su hipertrófico abuso de adjetivos y adverbios que le imprimen un estilo algo pretencioso y arcaizante, H. P. Lovecraft es uno de los pocos autores del pasado siglo al que puede atribuirse la capacidad demiúrgica de la creación de una mitología propia. Una cantera de ficción inagotable, por su propia imprecisión a veces, y también por la amplificada red de acólitos con los que mantuvo una constante retroalimentación mutua: el famoso Círculo de Lovecraft. Formado por autores Robert Bloch, August Derleth, Robert E. Howard y Clark Ashton Smith, entre otros, nucleados en torno a la mítica revista pulp Weird Tales. Estratos de ficción sedimentada por el mismo Lovecraft al incluir, en un excurso borgeano, a sus propios precursores, los escritores que lo inspiraron: Lord Dunsany, Ambrose Bierce, Arthur Machen, Robert w. Chambers y Algernon Blackwood. La edición de Alianza de Los mitos de Cthulhu. Lovecraft y otros (1969, 2011) con prólogo y edición Rafael Llopis ofrece un estratificado mapa de ruta por esta concentración significativa de horror cósmico. Además de las ya clásicas ediciones de bolsillo de Alianza, Alpha Decay ha publicado una nueva traducción de la que es considerada su obra más paradigmática La llamada de Cthulhu (1926) así como una pieza rara, La búsqueda en sueños de Kaddath, la desconocida (1927), ambas con prólogos de Javier Calvo.
Sin embargo, a esta, “acumulación primitiva” siguiendo con la jerga materialista, la cantera lovecraftiana aún sigue creciendo, por la acumulación infinita de reescrituras tanto en la literatura, el cómic, los videojuegos, la filosofía, el cine, así como uno de los inspiradores de la llamada criptoarqueología que colmó los círculos del misterio y la investigación paranormal de los 70 y 80 con la creación de ese misterioso culto a ancestrales deidades extraterrestres, como afirma Jason Colavito en H.P. Lovecraft: The Cult of Alien Gods and the Extraterrestrial Pop Culture (2005). Un yacimiento donde han hundido sus picos y palas escritores de raza anfibia entre el cómic y la ficción como el incombustible Alan Moore en su saga Providence (Panini, 2016) o el prolífico Neil Gaiman en su hilarante relato Cthulhu. También Erik Kriek adaptó algunas de sus historias en Lovecraft: Desde el Más Allá (La Cúpula, 2012) donde con un manierismo pulp hace latir de nuevo una amenaza cósmica y silenciosa en sus lectores.
Además de los diversos medios y géneros de la ficción contemporánea, la filosofía actual también sigue excavando en esa mina, en apariencia, inagotable. Así es como uno de los teóricos afines al realismo especulativo como Eugene Tacker promueve el terrorismo ontológico en su serie de Horror of Philosophy. Ensayos como En el polvo de este planeta (Materia oscura, 2015) o Pesimismo cósmico (Melusina, 2017) alumbran reminiscencias al antihumanismo nihilista de Lovecraft. También la afamada bióloga feminista Donna Haraway recuperó a la deidad arcana con cabeza cefalópoda y alas de dragón, Cthulhu, para especular sobre un futuro posible después de la catástrofe ecológica irreversible en Staying with The Trouble: Making Kin in the Cthulucene (Duke University Press, 2016). Así es como su obra y, sobre todo, su legado, parece seguir invocándonos, desde las capas subterráneas de nuestros actuales temores inconscientes y colectivos, como esos alienígenas dioses primigenios enterrados hace eones bajo nuestros pies, para alertarnos sobre este presente de progreso acelerado, tan denostado en su propia época, por ese remilgado señorito de provincias que fue H.P. Lovecraft.

domingo, 19 de marzo de 2017

LOVECRAFT EN UNA CONFERENCIA DE KRUTCH




El 5 de marzo de 1930 Lovecraft asistió a una conferencia impartida por el crítico literario y escritor estadounidense Joseph Wood Krutch (1893-1970),natural de Knoxville (Tennessee), quien escribió numerosas biografías, ensayos y libros de crítica, fue profesor en el Brooklyn Politechnic de Nueva York, y de 1937 a 1953 en la Universidad de Columbia. Uno de las primeras obras relevantes de Krutch fue un estudio sobre Poe, titulado Edgar Allan Poe: A Study in Genius (1926), y precisamente para una conferencia sobre este autor fue a la que asistió Lovecraft en 1930, aunque no hay constancia de en qué ciudad tuvo lugar (suponemos que Nueva York). En una carta a August Derleth fechada el 10 de marzo del citado año, Lovecraft escribió lo siguiente:
5 de marzo, escuché a Joseph Wood Krutch dar una conferencia sobre Poe, pero no dijo nada más que lo que hizo en su libro publicado en 1926. Tiene un gesto nervioso. Se aferra a un escritorio y se balancea como si estuviera a punto de saltar sobre él.

sábado, 18 de marzo de 2017

RELATO HOMENAJE A LOVECRAFT EN "PLAYGROUND"





Hace tres días, el pasado 15 de marzo, para homenajear a Lovecraft en el 80 aniversario de su fallecimiento, la revista digital Playground (aquí su página web), una revista de reseñas, críticas y entrevistas de cine, literatura, música y otros muchos temas fundada en 2008, publicó un breve relato titulado El episodio más negro de la vida de H.P. Lovecraft no contiene monstruos, por el escritor asturiano Diego Álvarez Miguel (n.1990), director de la revista Oculta, cuya web podéis consultar aquí. Se trata de un breve cuento que narra un episodio ficticio en la vida de Lovecraft en el verano de 1936, el último de su vida. Lo podéis leer en este enlace, y aquí también.





H.P. Lovecraft no toleraba bien el frío, pero mucho menos toleraba el tórrido calor de los veranos en la ciudad.
Por eso, en los últimos años de su vida, procuraba esconderse de los meses más calientes en los densos y descoloridos bosques de Nueva Inglaterra, en una cabaña de madera cerca del lago en que nace el río Connecticut, lugar en el que incluso en los días de más calor uno puede sentir el aullido eléctrico de la nieve derritiéndose.
Y aquel verano de 1936 no iba a ser diferente, pero sí que iba a ser el último.
Howard Phillips buscó sombra entre los árboles a mediados de julio, cargado con la valija llena de latas y papeles, con un par de libros y poca ropa, con una teoría abominable rondando su cabeza cansada.
Temblaba por el camino. O era el camino quien iba temblando por él.
Al llegar a la cabaña vació la maleta sobre el colchón y, sin comprobar que todo estaba en orden, sin comprobar que las cosas seguían como las había dejado en su última visita, salió a pasear por el bosque, a cruzar riachuelos de agua tibia, a sentir una nueva humedad trepando por sus piernas pálidas y desnutridas.
Pero resulta que aquel día no calculó bien la hora ni el sendero.
Primero, fue el lobo quien precipitó con su diente la noche. Después, la nieve gimiendo en el aire, la niebla. Más tarde, la luz subiendo la montaña al galope.
Los troncos de los árboles erguidos como hombres, pero fríos como muertos.
El aliento que salía de su boca ardía en el aire y ascendía con alas de algodón.
Retumbaba el trueno con la voz del miedo, crepitaba el rayo con la intensidad y la urgencia de la vida.
En fin, la tormenta le atrapó con su llanto inconsolable, y aun conociendo el sagrado signo del cielo, Lovecraft no contempló la posibilidad de retroceder.
Entre los animales salvajes que lo rodeaban en la penumbra, entre las cabezas jíbaras que la luz de la luna parecía colgar de las ramas más altas, entre el agua que laminaba la oscuridad con su ancestral susurro, Howard Phillips caminó sin mirar atrás, directamente hacia el aire negro y vacío.
Caminó decididamente, leyó las señales que el destino le mostraba y abrazó la lluvia y la noche como una llama abraza al mismo tiempo la madera y la ceniza.
Sin mirar atrás, como digo.
Directamente hacia el aire negro y vacío.
Hasta hoy.